«Si bien estábamos separados, seguía siendo alguien importante para mí, y de hecho él estaba allí con otra persona, pero lo que menos quería era causarle una humillación pública», confesó Cabot.
«Hasta el día de hoy mi exesposo fue uno de mis mayores apoyos durante todo este proceso. Es un hombre increíble», enfatizó.
«A partir de ese momento, mi vida dejó de ser mía. Perdí el control sobre cómo me veían, sobre mi trabajo y sobre mi familia. Una ola de comentarios, memes y campañas de odio que nunca imaginé posibles», comentó.
Asimismo, aseguró que aunque legalmente seguían comprometidos «ambos estábamos separados de nuestras parejas antes de ese concierto», y calificó la reacción de las personas como «desproporcionada y misógina».
«El castigo social que recibí estuvo cargado de violencia. Fue mucho mayor que mi error», sostuvo durante la entrevista ante Oprah. No obstante, admitió: «No debí haber salido con mi jefe».
Más allá de su error, Cabot señaló que «ningún error personal justifica amenazas de muerte ni la violencia digital que sufrí durante semanas».
La exdirectora de Recursos Humanos destacó que el video alcanzó 300 mil millones de reproducciones en pocas horas. «Verme convertida en objeto de burla y condena, sin que nadie supiera la verdad, fue devastador. Mi carrera, mi reputación y mi humanidad quedaron reducidas a un meme», confesó.
«El 90% de los insultos en línea vinieron de mujeres. Las únicas personas que me lo dijeron cara a cara también fueron mujeres», añadió.
Como lo ha dicho en otras ocasiones, sostuvo que aquella noche tuvieron su primera cita romántica. «Aquella noche fue la primera vez que ocurrió algo físico entre ambos. Había una parte de mi historia que no se contó. Tanto Andy como yo estábamos separados y planeando el divorcio. Nuestro vínculo fue siempre consensuado».
Cabot contó que ambos planearon informar a la junta directiva sobre la relación para modificar la estructura de dependencia laboral y mantener «total claridad sobre la situación».
«Jamás imaginé que un instante en pantalla pudiera escalar de ese modo ni que mi vida privada sería objeto de escrutinio global», añadió.
«He pagado un precio inimaginable y nadie merece este nivel de odio. Tuvimos paparazzi en la puerta, desconocidos mirando por las ventanas, amenazas de muerte y acoso a mis hijos. Todo porque cometí un error, pero no uno que mereciera esto», recalcó.
Asimismo, describió que sus hijos también resultaron afectados.
«Tenían catorce y dieciséis años. Quise protegerlos, pero resulta imposible cuando gritan fuera de casa y revelan tus datos personales. No podía presentarme ante la empresa como si nada hubiera pasado. La junta me apoyó tras una investigación, pero continuar era imposible», sentenció.