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Revelan el monto que los venezolanos pagan para llegar a Estados Unidos por rutas ilegales

Los venezolanos siguen huyendo de su país en busca de un mejor futuro, ahora el destino predilecto de los criollos es Estados Unidos, aunque llegar a este país representa un gran peligro.

Un caraqueño de 24 contó todo lo que tuvo que pasar para llegar a Nueva Jersey para reencontrarse con su novia tras un mes de viaje, tiempo en el que estuvo pres, atravesó ríos y pasos fronterizos, una travesía que además le costó 7,000 dólares.

La Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), que trabaja con Acnur y la OIM, reveló que actualmente hay cerca de 6.8 millones de venezolanos migrantes en todo el mundo, de los cuales la mayoría salieron del país en los últimos cuatro años.

Asimismo informan que de los 6.805.209 venezolanos en el exterior; el 84%, es decir 5.745.664, están en América Latina y el Caribe, siendo Colombia el país que ha liderado la acogida de venezolanos con 2.48 millones de venezolanos en su territorio, seguido de Perú con 1.3 millones de venezolanos, y Ecuador y Chile con casi un millón.

Sin embargo, durante los últimos meses se ha visto como miles de venezolanos hacen sacrificios para llegar a Estados Unidos, incluso atravesando una de las rutas más peligrosas: el Tapón del Darién.

Durante una entrevista ofrecida a Shieley Varnagy, el caraqueño Beyker Ortiz explicó que vivía en el 23 de Enero, en Caracas, y ahora trabaja en un bar estadounidense y tiene una mejor vida.

Detalló que pasó varios meses planeando el viaje porque su novia tiene visa americana y estaba en ese país, querían hacer una vida juntos y formar una familia.

«Intenté de todo, me fui a Colombia, intenté sacar visas, pero no pude, los trámites me obligaron a cruzar por el Darién«, reconoció.

«Creo que no importa lo que estudies o lo que trabajes, no vale la pena en Venezuela, estoy convencido de que mis metas las puedo cumplir aquí en EEUU, por eso dí el todo por el todo. Busco estabilidad económica, independencia, darle un mejor futuro a mi familia, educación, salud y en Venezuela no creo que eso sea posible», manifestó.

Por este motivo decidió asumir los riesgos de este largo viaje y comenzar su travesía.

«Fui bendecido porque no pasé por millones de cosas que me han contado, sabía los riesgos a los que me enfrentaba, sabía que los ríos crecen, que hay personas que han muerto ahogadas o por agotamiento, que se han fracturado piernas, brazos. Es un riesgo, pero siempre pensé en positivo porque yo tenía mis necesidades y en esta vida, si no arriesgas no ganas…Yo conocía mis capacidades, un amigo quería irse conmigo junto a su esposa, sus tres niños pequeños y con poco dinero y yo le aconsejé que no lo hiciera, que esperara porque para ellos, sería un riesgo demasiado grande», señaló.

Explicó que estando en Medellín donde se encontró con un amigo, juntos tomaron un autobús hasta Necoclí, donde tomaron una lancha junto a migrantes de otros países, llegaron a Carreto, una playa entre Colombia y Panamá, y al día siguiente comenzaron su travesía por la Selva del Darién.

Describió que al principio solo caminaban, pero mientras avanzaban el camino se hacía más difícil, comenzaban a atravesar zonas con pantano, lluvia, el equipaje se torna pesado, las botas se llenan de agua y se complica el avance.

Llegaron a un lugar llamado La Casa del Abuelo, donde el ejército de Panamá presta apoyo, los llevaron en lanchas hasta un refugio donde durmieron y luego a la ONU en Panamá, luego pagaron un pasaje en una ruta que los dejó a 45 minutos de la frontera entre Panamá y Costa Rica, luego comenzó la travesía por Honduras, Guatemala, El Salvador hasta llegar a México.

En Guatemala se separó de su amigo porque este no podía pagar a una persona que lo ayudara a cruzar hasta la frontera con Estados Unidos.

Cuando llegó a Monterrey, en México, a bordo de un autobús con otros 95 migrantes de diferentes países, fue detenido por funcionarios de migración, los llevaron a Nuevo León, pasó 10 días incomunicado, siendo sometido a maltrato psicológico, aunque reconoció que algunos policías lo ayudaron, comía dos veces al día y le permitían bañarse.

Tras pasar México logró entrar a Estados Unidos por Texas, donde lo recibieron funcionarios migratorios, estos le brindaron un buen trato.

«Al salir, sentí un gran alivio porque se acabó la tortura del viaje. Llegué a Texas, me recibió migración de EEUU, son súper amables, me dieron la mano, me quitaron todo por protocolo, pero pude avisar a mi familia que estaba bien y duré un día y medio en un refugio en Texas. Me tomaron los datos, huellas, me preguntaron por qué salí de Venezuela, si tenía familiares en EEUU, y al saber todo, me dejaron salir. Mi novia me había comprado el pasaje desde Texas a Nueva Jersey desde que llegué a EEUU no he tenido ningún problema para nada», detalló.

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