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Conozca la historia de la “abuelita francotiradora” que cazaba nazis en la Segunda Guerra Mundial (+Fotos)

Imagen referencial. Fuente: La Patilla

El pasado suele ser algo que pensamos dejar atrás. Sin embargo, con el correr del tiempo sobreviene al presente y suele marcar nuestro futuro. Es importante conocer los acontecimientos que marcaron nuestra historia. Pues así sabemos de dónde venimos. Y, por supuesto, hacia dónde vamos.

En este sentido, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) es un evento que parece lejano. Pero casi ocho décadas después, sus historias siguen siendo tan atrapantes como conmovedoras.

El caso de las mujeres rusas en el frente bélico y su importancia en el ejército de Stalin es particularmente atrapante. Hay muchos ejemplos. La escasez de soldados varones a partir de 1941 hizo que más de un millón de mujeres soviéticas se sumaran a combatir contra las Potencias del Eje. Las guerreras que más se destacaron fueron las francotiradoras, por su sigilosidad y letalidad.

Por ejemplo, Lyudmila Pavlinchenko, heroína de la URSS, acabó con más de 300 alemanes. Tania Chernova también se destacó por las bajas que logró. Sin embargo, existió una francotiradora cuya historia sorprende -sin ser de las más conocidas- no tanto por los soldados de Hitler que aniquiló, sino por haber enfrentado a los nazis con 50 años y además, siendo abuela. Ella era Nina Petrova.

Antes de la guerra

La letal francotiradora nació en la ciudad de Oranienbaum (hoy Lomonosov) el 27 de julio de 1893. Su primer contacto con la muerte fue el fallecimiento de su padre, oficial de la Armada Soviética, dejando a su madre a cargo de cinco hijos. Pero su idilio con las armas llegó tiempo después. La falta de dinero hizo que Nina se tuviera que encargar de sus hermanos siendo una niña. Luego de terminar la escuela su vida continuó en Vladivostok, allí trabajó como mecanógrafa, bibliotecaria y contadora.

Después de tener una hija regresó a Leningrado (1927), donde comenzó a trabajar como instructora en la sociedad deportiva Spartacus. Fue profesora de gimnasia e incursionó en la equitación, ciclismo, remo, natación, baloncesto y patinaje. El mundo de los deportes parecía su lugar, pero todavía quedaba margen para explorar nuevos horizontes.

En los años 30 decidió poner a prueba su puntería. Entró a una escuela de francotiradores, a los pocos meses ganó varios premios de tiro y hasta recibió un distintivo de la URSS. También se convirtió en una instructora certificada. Todavía no tenía idea que su nueva actividad ayudaría a cambiar la historia de la humanidad.

Miembros del Ejército Rojo celebran la victoria sobre los nazis luego de la batalla de Stalingrado.

El comienzo de su carrera militar

El Ejército Rojo se vio atraído por la excelente puntería de Nina. Tanto que en 1936 (casi cuatro años antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial) la convirtieron en su instructora. Así, Petrova formó cientos de pupilos en el particular desafío de eliminar a enemigos.

La legendaria tiradora tuvo su primera prueba para defender a país en la llamada Guerra de Invierno, donde el régimen de Stalin libró una batalla contra Finlandia. Un dato curioso es que enfrente estaba la Muerte Blanca, otro tirador de élite llamado Simo Hayha, que sembró caos entre las tropas rusas y batió récords de bajas.

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En 1941 comienza la llamada Gran Guerra Patria (el nombre que le dan los rusos a la lucha contra los nazis) y aquí Petrova se destacó. Para entender el contexto mundial, Eduardo Martínez, analista internacional argentino y docente universitario, le explica a Clarín: «La Operación Barbarroja fue quizás el error más grande que tuvo Hitler. Stalin, que había sido un aliado de la Alemania nazi, termina siendo atacado por Hitler. Entonces los rusos rompen con Alemania y se suman a Los Aliados. No fue fácil para éstos recibir a Stalin. Con Estados Unidos hubo muchas diferencias (incluso generó divisiones internas) y Churchill hacía de mediador. Fue caótico. Por lo pronto diría que a Hitler le ocurrió lo mismo que a Napoleón, cuando entró a Rusia lo empezó a devorar el invierno».

Con respecto al rol de la protagonista de esta historia, agrega: «En el asedio de Leningrado, Petrova se destacó mucho. Ese tiempo fue muy duro para los rusos, que debieron resistir el cerco con el que los alemanes pretendían que se mueran de hambre. Aparte esa ruta significaba un camino libre a Moscú. Mantener esa posición era estratégico para la guerra».

Y añade: «Los nazis se ocuparon tanto de los soviéticos que empezaron a perder el resto del frente que habían ganado, es decir, el resto de Europa. Y ahí empieza la caída final de Hitler. En ese punto Petrova contribuyó, de algún modo, a la ‘no toma’ de Leningrado y al comienzo del final del nazismo en Europa«.

Churchill, Roosevelt y Stalin en la Conferencia de Yalta, la reunión que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial.

La abuela y sus medallas

Si bien ella no estaba obligada a servir en el ejército debido a su avanzada edad, decidió unirse por voluntad propia. Al comienzo fue enfermera, ya que no querían sumarla como soldado, pero cuando la situación se puso más compleja para los soviéticos, Nina ocupó un lugar en el Regimiento de Infantería como tiradora de élite. Sin embargo, ella nunca dejó de formar francotiradores. De hecho, se le atribuye el adiestramiento de más de 500 de soldados durante este período.

Nina Petrova fue la única mujer en combatir en el asedio de Leningrado (1941-1944) y recibió varias medallas por su desempeño en el Ejército Rojo de Stalin. Las estadísticas hablan de 122 muertes en total. Pero el dato que hace diferente esta historia aparece en una carta escrita por ella misma.

«Su historia es muy interesante porque cuando transcurre la guerra ella ya era abuela», expone Eduardo Martínez, mientras afirma la existencia de una carta que le envía a sus hijas diciendo que las extraña. «Ahí cuenta que quiere ver a sus nietos. Y queda registrado que ya era abuela antes de partir a la guerra«, agrega.

Nina Petrova (a a derecha) adiestrando soldados del Ejército Rojo.

«Mi querida, querida hija. Estoy cansada de pelear. Ya es el cuarto año en el frente. Preferiría terminar esta maldita guerra y regresar a casa. ¡Quiero abrazarte y besar a mi querida nieta! Tal vez vivamos para ver este día feliz. Pronto recibiré la Orden de la Gloria de Primer Grado y, así, esta abuela se convertirá en un “caballero” hecho y derecho«, son las palabras de Nina Petrova en aquella carta.

El 14 de marzo de 1945, el líder militar soviético Ivanovich Fedyuninsky le entregó a Petrova la Orden de Gloria de Primera Clase, a sus 51 años. Además de sus 122 víctimas letales formó 512 francotiradores, pero no pudo disfrutar del final de la guerra. Murió el 1 de mayo de 1945 mientras viajaba en un automóvil que cayó por un barranco. Tras la tragedia, el aparato propagandístico de Stalin trató de borrarla de la historia debido a su edad. Pero Nina Petrova fue vital para pelear (y ganar) la guerra contra los nazis y también formar nuevos francotiradores, siendo una mujer de cinco décadas y además, abuela.

Con información de La Patilla

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