Nacho sobre el asesinato de Arnaldo Albornoz: No pediré resignación, por eso estamos así

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El cantautor Miguel Ignacio Mendoza, mejor conocido como «Nacho», rechazó el asesinato del animador Arnaldo Albornoz, conductor del programa de farándula La Bomba, transmitido por Televen.

En un contundente mensaje, publicado a través de su cuenta en la red social Instagram, Nacho aseguró que no callaría ante tal “atrocidad”, convirtiéndose en uno más de los aceptan vivir fingiendo que lo que pasó es normal.

Señaló que, aunque no fue un amigo cercano de Albornoz, se topó muchas veces con él: “Siempre me dio un abrazo, un buen estrechón de manos y una sonrisa. Fui testigo de su evolución desde que decía que no le gustaba pararse frente a las cámaras, hasta que se convirtió en una celebridad de la televisión nacional”, resaltó.

“Su fallecimiento ha generado ese eco que con los días corre el riesgo, de una forma decepcionante, de debilitarse enormemente hasta el punto de casi desaparecer justo como pasó con la actriz Monica Spear: el eco de la ira y de la tristeza; la tristeza de saberlo muerto y de tener que aceptar su ausencia, la ira de querer cambiar los hechos, no poder, querer hacer algo al respecto, no saber qué, de ver que los autores de ese horrible asesinato no son solo los que apretaron el gatillo sino quienes a través de sus discursos de altísima promoción mediática, enamoran a mentes manipulables, de sus guerras inventadas”, reprochó el artista.

Finalmente, criticó que el Gobierno compre armas “no para defender la soberanía del pueblo sino para proteger sus puestos soberanos de un pueblo que busca levantarse de su peor caída».

«El hampa no puede con ellos, por eso no les preocupa el hampa, pero sí con el ciudadano común que a parte de ver amenazados sus logros, ve amenazada su vida”, apuntó.

 A CONTINUACIÓN EL TEXTO ÍNTEGRO:

Que no haya escrito un párrafo de indignación en mis redes, no quiere decir que quiera callar una atrocidad como el homicidio de Arnaldo y ser uno más de los que por defender sus intereses propios acepta vivir fingiendo que lo que pasó es normal.

No fui un amigo cercano del joven periodista pero me topé muchas veces con él y siempre me dio un abrazo, un buen estrechón de manos y una sonrisa.

Fui testigo de su evolución desde que decía que no le gustaba pararse frente a las cámaras, hasta que se convirtió en una celebridad de la televisión nacional.

Perdió por completo la timidez y se ganó un puesto importante en el corazón de quienes lo veían a través de la pantalla, por eso su fallecimiento ha generado ese eco que con los días corre el riesgo, de una forma decepcionante, de debilitarse enormemente hasta el punto de casi desaparecer justo como pasó con la actriz Monica Spear: el eco de la ira y de la tristeza; la tristeza de saberlo muerto y de tener que aceptar su ausencia, la ira de querer cambiar los hechos, no poder, querer hacer algo al respecto, no saber qué, de ver que los autores de ese horrible asesinato no son solo los que apretaron el gatillo sino quienes a través de sus discursos de altísima promoción mediática, enamoran a mentes manipulables, de sus guerras inventadas.

Compran armas no para defender la soberanía del pueblo sino para proteger sus puestos soberanos de un pueblo que busca levantarse de su peor caída. El hampa no puede con ellos, por eso no les preocupa el hampa, pero sí con el ciudadano común que a parte de ver amenazados sus logros, ve amenazada su vida.

Los «hashtags» no hacen nada, las publicaciones de influenciadores en actitud de protesta sacuden un árbol de hojas verdes bien pegadas al tronco. Arnaldo es un caso entre miles iguales en Venezuela pero por él gritamos porque lo conocemos.

No voy a pedir resignación para sus familiares porque la resignación es lo que nos tiene así, aguantando más de la misma barbarie.

Dios lo reciba en su manto y a los que quedamos vivos nos siga llenando de voluntad para actuar sin miedo ante las injusticias del sistema de gobierno delincuente que hoy maltrata a nuestra nación.

Nacho Mendoza

Que no haya escrito un párrafo de indignación en mis redes, no quiere decir que quiera callar una atrocidad como el homicidio de Arnaldo y ser uno más de los que por defender sus intereses propios acepta vivir fingiendo que lo que pasó es normal. No fui un amigo cercano del joven periodista pero me topé muchas veces con él y siempre me dio un abrazo, un buen estrechón de manos y una sonrisa. Fui testigo de su evolución desde que decía que no le gustaba pararse frente a las cámaras, hasta que se convirtió en una celebridad de la televisión nacional. Perdió por completo la timidez y se ganó un puesto importante en el corazón de quienes lo veían a través de la pantalla, por eso su fallecimiento ha generado ese eco que con los días corre el riesgo, de una forma decepcionante, de debilitarse enormemente hasta el punto de casi desaparecer justo como pasó con la actriz Monica Spear: el eco de la ira y de la tristeza; la tristeza de saberlo muerto y de tener que aceptar su ausencia, la ira de querer cambiar los hechos, no poder, querer hacer algo al respecto, no saber qué, de ver que los autores de ese horrible asesinato no son solo los que apretaron el gatillo sino quienes a través de sus discursos de altísima promoción mediática, enamoran a mentes manipulables, de sus guerras inventadas. Compran armas no para defender la soberanía del pueblo sino para proteger sus puestos soberanos de un pueblo que busca levantarse de su peor caída. El hampa no puede con ellos, por eso no les preocupa el hampa, pero sí con el ciudadano común que a parte de ver amenazados sus logros, ve amenazada su vida. Los "hashtags" no hacen nada, las publicaciones de influenciadores en actitud de protesta sacuden un árbol de hojas verdes bien pegadas al tronco. Arnaldo es un caso entre miles iguales en Venezuela pero por él gritamos porque lo conocemos. No voy a pedir resignación para sus familiares porque la resignación es lo que nos tiene así, aguantando más de la misma barbarie. Dios lo reciba en su manto y a los que quedamos vivos nos siga llenando de voluntad para actuar sin miedo ante las injusticias del sistema de gobierno delincuente que hoy maltrata a nuestra nación.

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