Nacionales

Lea el artículo dominical de Nacho: «Hagan lo que quieran»

Miguel Ignacio Mendoza Donatti (Nacho)| Foto: Archivo

Miguel Ignacio Mendoza Donatti (Nacho)| Foto: Archivo

El cantante venezolano Miguel Ignacio Mendoza, mejor conocido como “Nacho”, dedicó su artículo dominical para denunciar la crisis que vive Venezuela.

A continuación el artículo íntegro: «HAGAN LO QUE QUIERAN»

Es sorprendente cómo mis detractores chavistas encuentran la manera de desmeritar, desacreditar y desprestigiar cada labor que he llevado a cabo a partir de aquel discurso en la Asamblea. Algunos de mis seguidores opinan que le presto demasiada atención a los malos comentarios, pero es que no me canso de admirar el estado de negación y la extrema creatividad para fabricar excusas y testimonios sin soporte, del grupo de oficialistas que sigue relacionando cualquier gesto de buena intención de un opositor con una manifestación casi diabólica.

Como ya han de saber tengo prohibida la entrada a todos los hospitales de Venezuela, es decir, soy un venezolano que no tiene derecho a la “salud pública”, aunque no haya mucha diferencia entre tener y no tener el derecho porque aunque quisieramos que fuera una realidad, creo que la salud pública en Venezuela es una de las leyendas que da más terror en el país; no hay Llorona, ni Sayona, ni Silbón que meta un miedo tan grande.

La prohibición de acceso a los hospitales se empezó a poner en marcha porque mis visitas a los recintos revelaban el verdadero estado en el que se encuentran las instalaciones médicas y ponían al descubierto la extrema escasez de medicinas e insumos. Mi propósito no era desenmascarar a nadie, yo solo trataba de hacer lo que como humanos deberíamos, para disminuir el sufrimiento y las necesidades del prójimo, pero una cosa llevó a la otra. En mis últimos acercamientos a las instituciones, con la determinación de donar productos que brillan por su ausencia en todo el territorio, no tuve éxito en mi misión. En mi cara me decían: “tenemos órdenes de no dejarte pasar”.

El pasado jueves 4 de agosto, mi compañero de canto y yo debíamos cumplir con el concierto pautado en Lechería, por ser parte de nuestro tour. Todas las ciudades del estado Anzoátegui estaban enteradas de que haríamos presencia en el Morro. Un amigo llamado Wilmo Belisario, también hijo de mi misma ciudad, me había ayudado los últimos días de julio a hacer una jornada de recolección de insumos en los Estados Unidos para ser donados en el Hospital Razetti de Puerto La Cruz. Cuando se hizo la convocatoria, le tocó a él utilizar sus redes sociales y la de otros amigos para publicar el punto de acopio porque sospechábamos que si yo utilizaba mis redes, alertaríamos al gobierno venezolano de lo que teníamos planeado hacer y no solo se prepararían para negarnos el paso al Razetti sino que podían pararnos la carga enviada. Hicimos toda una maniobra mandando las medicinas y los alimentos hasta Valencia con la exportadora y de Valencia a Barcelona la carga fue transportada por un camión que gracias a Dios no sufrió inconvenientes en el camino.

Un día antes del concierto, yo seguía en Miami y de repente empecé a recibir llamadas de amigos cercanos preguntándome qué había pasado en el Razetti que habían acordonado el hospital y la gente estaba molesta porque no me dejaban entrar. Yo no entendía lo que pasaba y mi respuesta siempre fue: “pero…mi vuelo sale mañana. Yo no estoy ahí, yo estoy en mi casa con mis hijos”. Resulta que la Guardia Nacional vió una camioneta tipo “van” estacionada cerca del recinto y supuso que eran insumos míos y que yo trataría de, por cualquier medio, entrar al lugar para hacer el mismo “show” del hospital de Valencia y “hablar mal de la Patria”. Al día siguiente cuando tomé mi vuelo a Barcelona, sabía lo que me esperaba y decidí no pasar de nuevo por aquella situación engorrosa.

Durante mi adolescencia viví con mi madre en un lugar llamado “Fundación Mendoza”, en Barcelona, justo al lado está un barrio de gente sencilla y humilde llamado Tronconal, el cual solía frecuentar. Le dije a mi equipo para ir a las zonas más afectadas de ese barrio a entregar los alimentos, casa por casa, puerta por puerta. Todo comenzó bien, teníamos a tres muchachos que se encargaban de llevar cada uno una caja llena de alimentos y cuando estas se quedaban vacías, regresaban al camión para llenarlas de nuevo. Alrededor de 40 casas visitamos antes de tener que cambiar la estrategia. El combo era: un paquete de pasta, una bolsa de arroz de 2 kilos, una salsa de tomate, 1 kilo de granos verdes o negros y 2 latas de sardina o atún. Poco a poco la gente se fue enterando de nuestra presencia y empezaron a seguirnos en el recorrido hasta que llegó un momento en el que nos vimos rodeados por decenas de personas que exigían algo de las cajas. Los chicos que llevaban los alimentos entraron en pánico y empezaron a pedir que por favor no los agredieran y que la comida se iba a entregar de casa en casa, pero fue en vano y con la razón que deja la necesidad, fueron ignorados. La gente perdió la paciencia y empezó la pelea por tomar lo que fuera, al estilo piñata. En cuestión de minutos se desaparecieron hasta las cajas.  Todavía teníamos una camioneta llena de alimentos que debíamos entregar y el equipo propuso montarnos en los techos de los carros e ir a un ritmo suave entregando la comida, era eso o nada. Me monté en el techo del carro con los alimentos que el personal me iba facilitando y la gente empezó a perseguirnos intentado montarse en el techo también, para agarrar lo que pudiera. Fue desgarrador ver ese escenario, pero me gritaban: “Nacho, lánzame arroz” “Nacho, una pasta por favor” “Nacho, por favor dame una formula para mi niña que no ha comido” No encontré una opción distinta que hacer lo que me pedían. Pues ahora, según mis críticos amantes del gobierno y su proceder, yo soy un desalmado que trata a la gente como animales, lánzandoles comida como perros. No sé si ellos estarán al tanto de que hay personas que se despiertan a las 2 de la madrugada para empezar a hacer una cola como si fueran esclavos rogando por conseguir un solo producto y llega el mediodía y todavía están ahí. No sé si se han obligado a creer que una gran parte de los venezolanos no invierte la mayoría de su tiempo, al igual que en el mundo salvaje, en conseguir algo para comer.

Vimos casos de desnutrición en hogares donde repartimos comida, madres delgadísimas denunciando que en sus casas se come una sola porción al día de lo que haya. Entré en la casa de un amigo con quien solía cantar y escribir canciones y empezamos a recordar nuestros ensayos de polifonía, yo de imprudente le digo a su mamá: doña, ¿se acuerda cuando nos hacía arepitas fritas con queso y pasabamos el día haciendo bulla en su casa? A lo que respondió: “ay, mijo, ojalá volvieran esos tiempos, mira cómo estamos ahora”. Abrió la puerta de la despensa y no había absolutamente nada y cuando digo nada, es nada, ni un frasco vacío de algo. En esa casa dejamos un poco más de lo estipulado.

Mientras mi equipo y yo estabamos en los barrios repartiendo la comida, la Guardia Nacional volvió a repetir la operación del día anterior en el hospital porque sabían que mi presencia en la ciudad era obligación y compromiso, estaban seguros de que ese sí era el día que intentaría entrar al Razetti y volvieron a cerrar el perímetro. Mi abogado me dijo: entiendo tu necesidad de hacer algo positivo pero si alguna tragedia sucede, si algún desorden desata un incidente lamentable, podrías ir preso y te convertirías en otro personaje sacado de circulación y en un apoyo menos para el desafortunado. Al día siguiente me enteré de que muchos niños, sobre todo pacientes oncológicos, estaban tristes y decepcionados porque creían que yo pasaría a visitarlos y no lo hice.

A mitad de nuestra jornada, 3 motorizados empezaron a seguirnos sin mayor intención de pasar desapercibidos. Hicimos una parada para comer y ellos también se detuvieron, estacionaron sus motos afuera y con sus celulares, no precisamente “el vergatario 1 o el vergatario 2” empezaron a grabar y a tomar fotos. Yo me acerqué para preguntarles qué querían y su respuesta fue: “nosotros estamos haciendo nuestro trabajo”. Tres motos sin placa que grabé con mi celular y también tomé fotos y videos de las caras de los “funcionarios” bien de cerquita para que sepan que no tenemos miedo y que los tengo identificados. El Sebin, su marcadera de territorio y su necesidad de intimidar.

Al final repartimos todo el cargamento de insumos entre la gente del barrio, quizás visualmente no de la mejor manera pero se hizo. No pudimos entregar los pañales, medicinas, tensiómetros, jeringas, entre otros tantos insumos al Hospital Razetti porque aparte leímos el comunicado enviado por el director del sitio advirtiendo implícitamente que ni siquiera lo intentáramos.

Como la vez pasada querían inventarse un caso de intoxicación por culpa de unos alimentos que doné, tuvimos que hacer un archivo con más de 1500 fotografías con todas las fechas de vencimiento de los productos y el nombre de las empresas productoras.

No puedo negar mi estado de frustración al sentirme cada vez más con los brazos atados. Como sé que este artículo llegará a los ojos del gobierno porque tienen a gente investigando cada paso de todos los que escribimos para Caraota Digital, solo quiero que sepan que mi lucha cambió, hagan lo que les venga en gana, igual nunca han dejado de hacerlo, maltraten al pueblo si el pueblo se deja maltratar, humillen a sus detractores, ríanse del hambre, o como dijo el Presidente: “el hambregram”, dáñense entre ustedes si quieren, sigan su guerra con políticos de oposición, hagan más programas televisivos llenos de odio y de sarcasmo, igual la mayoría de los canales nacionales también son de ustedes, pero les pido como hermano que no detengan a quien quiere sinceramente hacer algo positivo por Venezuela. Nadie se va a poner a enviar comida para enfrentarse a ustedes y su pandilla de maleantes uniformados que lamentablemente se quedó con el nombre de “Guardia Nacional Bolivariana”, porque las latas de atún no tienen el mismo efecto que las balas. Les escribo el otro domingo.

Por: Miguel “Nacho” Mendoza

Si quieres ver el video de Nacho repartiendo comida haz click aquí

Lea También: Investigaciones de EEUU develan el narcoestado en Venezuela

¡Deja tu comentario!

avatar
  Suscribete  
Notificar a